Cuando las empresas preparan el cierre fiscal y revisan el Impuesto sobre Sociedades, la atención suele centrarse en ingresos, gastos deducibles, amortizaciones o ajustes contables. Sin embargo, hay un elemento que muchas veces pasa desapercibido y que puede tener un impacto fiscal relevante: la evolución de la plantilla media.
En determinados supuestos, aumentar plantilla no solo tiene consecuencias laborales u organizativas. También puede permitir acceder a incentivos fiscales que reducen la carga tributaria de la empresa.
El problema es que estos beneficios suelen revisarse demasiado tarde o directamente no se analizan con suficiente detalle, lo que provoca que algunas sociedades terminen pagando más Impuesto sobre Sociedades del que realmente les correspondería.
Uno de los incentivos más conocidos es la libertad de amortización aplicable a empresas de reducida dimensión. En términos generales, se trata de sociedades cuya cifra de negocios es inferior a diez millones de euros y que pueden amortizar determinados activos nuevos de forma acelerada, adelantando gasto deducible y reduciendo el impacto fiscal inmediato.
Ahora bien, este beneficio no depende únicamente de la inversión realizada. La normativa exige también incrementar y mantener la plantilla media. Y ahí es donde aparecen muchos errores prácticos.
No basta con realizar una contratación puntual o aumentar personal durante unas semanas. Lo relevante es acreditar correctamente un incremento sostenido de plantilla respecto a ejercicios anteriores.
Discapacidad
Otro incentivo relevante aparece en las deducciones por creación de empleo para trabajadores con discapacidad. En estos casos, las empresas pueden aplicar deducciones significativas cuando aumentan la plantilla media de trabajadores con discapacidad:
- 9.000 euros por persona y año cuando la discapacidad es igual o superior al 33 % e inferior al 65 %
- 12.000 euros por persona y año cuando la discapacidad alcanza o supera el 65 %
Aun así, muchas empresas ni siquiera llegan a analizar si cumplen los requisitos o cómo debe calcularse realmente ese incremento de plantilla.
Aquí surge otra cuestión importante: el cálculo no funciona como muchas veces se piensa. No computan únicamente trabajadores indefinidos o jornadas completas. También deben tenerse en cuenta trabajadores temporales y jornadas parciales, que se valoran proporcionalmente según las horas efectivamente trabajadas.
Esto provoca que pequeñas variaciones —ampliaciones de jornada, sustituciones temporales o contrataciones parciales— puedan alterar el promedio anual más de lo que inicialmente parece.
Además, la plantilla media no se calcula tomando una fotografía fija al cierre del ejercicio. El sistema exige analizar los distintos períodos del año, las variaciones producidas y los días concretos en que se mantiene cada situación. Cuando existen altas, bajas, cambios de jornada o contratos temporales encadenados, el cálculo se vuelve mucho más complejo.
Precisamente ahí es donde muchas empresas terminan aplicando datos incorrectos.
Información laboral y tributaria
A esto se suma otro factor relevante: la capacidad actual de Hacienda para cruzar información laboral y tributaria con la Seguridad Social. La aplicación de incentivos vinculados al incremento de plantilla sin una justificación adecuada se ha convertido en un foco de revisión creciente.
La Agencia Tributaria está reforzando especialmente el control sobre amortizaciones aceleradas, deducciones e incentivos aplicados por pequeñas y medianas empresas.
En este contexto, la planificación adquiere una importancia clave. Muchas decisiones que afectan a estos incentivos deben analizarse antes del cierre fiscal y no cuando la declaración ya está prácticamente presentada. Contrataciones, ampliaciones de jornada, mantenimiento de empleo o determinadas inversiones pueden modificar de forma relevante el resultado final del impuesto.
Además, algunos incentivos no solo exigen incrementar plantilla, sino mantener posteriormente ese incremento durante un determinado período. Este es otro de los puntos donde suelen aparecer problemas. Hay empresas que aplican correctamente el beneficio fiscal en un primer momento, pero reducen plantilla tiempo después sin analizar las consecuencias tributarias posteriores. El resultado puede ser una regularización inesperada varios ejercicios más tarde.
La evolución de la plantilla ya no es solo una cuestión laboral. También se ha convertido en un elemento estratégico desde el punto de vista fiscal.
En determinados escenarios, contratar trabajadores no solo supone un coste para la empresa. También puede abrir la puerta a incentivos fiscales que compensen parcialmente ese esfuerzo económico. Y, en muchos casos, la diferencia entre aprovecharlos o perderlos depende de algo aparentemente tan sencillo —y a la vez tan delicado— como calcular correctamente la plantilla media. En Grupo Brío te ayudamos con nuestro asesoramiento.
